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ELVERDEBILIS

por Pocho Alvarez

El aliento verdeflex de la autoproclamada revolución ciudadana va cambiando su tono color, va mostrando su esencia verdebilis.

En su séptimo año de ejercicio ha depurado su voz. La nota grave y ronca esencia de los regímenes autoritarios, una sinfonía sin brillo que a nombre del progreso quiebra el concepto humanidad, se va descubriendo de una manera clara en este año siete.

Descalificar lo distinto, lo disonante, la opinión del otro que muestra la wipala de la existencia, es decir la diversidad del color y tono del pensamiento, es un sino de estos tiempos, los tiempos verdebilis del equinoccio andino, un sabor amargo de quebrantamientos del derecho, de conductas públicas que hostigan y atemorizan al ejercicio de la opinión libre y aquello que consagra la constitución, el derecho a la resistencia.  Ejemplo de ello es el acoso a Intag  y la ocupación policial de sus tierras y sus espacios colectivos que resisten a los planes civilizadores de la megaminería transnacional, apadrinada como receta única de desarrollo, para “salir de la pobreza”, por voluntad omnímoda del actual inquilino del Barón de Carondelet.

El tiempo verdebilis ya no solo es el adjetivo y voz primaria, la hiel agria que desde la Plaza Grande persigue a quien molesta su camino. Es un ejercicio de orquesta mayor con partitura de cólera. Es un plan en marcha contra los que persisten denunciar la ausencia de verdad en la picota medieval de los sábados. Contra los que no callan, contra los que ejercen la crítica y señalan que “La mano negra de Chevron” como campaña, no lava la mano sucia sobre el Yasuní. Contra los irreverentes con la gestualidad de la servidumbre y “la majestuosidad del poder”, contra los ambientalistas de la Pakcha Mama, que provocan una Acción Ecológica, los que Yasunidos siguen resistiendo.

Para esa cólera y su partitura, el cuestionamiento a la palabra del poder, las denuncias y pruebas sobre su no verdad como práctica de gobierno –construcción de carreteras y no senderos ecológicos en las áreas protegidas del Yasuní, las evidencias falsas de los mapas ‘oficiales’ que borran la existencia de los no contactados en las tierras del ITT, las acusaciones falsas y el grotesco montaje contra Carlos Zorrilla a propósito de su manual de protección de las comunidades y tantas otras no verdades denunciadas en este tiempo– no son un ejercicio crítico propio de la democracia y el poder ciudadano. Al contrario son pruebas de un delito punible, de un plan desestabilizador de gobiernos progresistas que hay que perseguir.

Así, construido el escenario, asistimos a un tiempo calendario que va urdiendo, día a día, un entramado de operaciones policiales encubiertas para apresar, atemorizar, desmovilizar y silenciar la voz del otro que resiste. Así se apresó de una manera furtiva a Javier Ramirez, presidente de la Comunidad de Junín en Intag, para acusarlo de terrorista  y mantenerlo en prisión más de tres meses sin pruebas. Así se apresaron de una manera secreta y en traje de civil a jóvenes que marcharon junto al FUT en protesta por el Código Laboral, así se expulsó del país “para precautelar su propia seguridad”, según el informe oficial, un montaje policial propio de los cuerpos de seguridad de Pinochet o de Videla, al voluntario estadounidense Oliver Utne. Así se ha procedido desde  antes, con “Los 10 de Luluncoto”, con los jóvenes del Central Técnico, con los Agacho, los Jiménez, las Zamora, cientos de perseguidos por injuria, rebelión, sabotaje y terrorismo, y en esta ‘cruzada de verdad’, ni los dibujos de Bonil se han salvado del juicio y la sanción.

Morosamente se ha ido normalizando en este tiempo verdebilis, el acoso y control a la sociedad civil, a su conducta y opinión. Ahora resulta  natural que el estado, sus leyes y mecanismos de control, busquen a nombre del Derecho cooptar los espacios de opinión de la sociedad civil, busquen dominio y control de las redes sociales. Ares Rights una empresa española encargada de ser gendarme de red, responde a esa realidad. Es la escoba que limpia las redes de opiniones y criterios incómodos a su cliente el poder, y es también parte de un amplio engranaje de monitoreo que trabaja y existe al amparo del poder para  ejercer control. Sirve para responder y acosar, día a día, a twitteros críticos como (@polificcion), (@Diana_Amores). En esa medida, este quehacer real desde el estado es una suerte de alambrada, un cerco de púas que se estrecha sobre la opinión hasta cerrar.

Por ello, hoy en día, ejercer la crítica en las redes significa riesgos y amenazas. Las cuentas twitter de Diana Amores, Carlos Andrés Vera y otros nombres críticos de las redes  sociales, no sé por qué arbitrio o poder cósmico, fueron acalladas en estos días durante largas horas, un hecho poco grato para el nosotros y la democracia.

Esta búsqueda obsesiva del control como principio de gobierno, es uno de los  escenarios del año siete de la autoproclamada revolución ciudadana. Entre el acoso de los trollers de oficio, el amedrentamiento a la palabra que opina, las amenazas por el copyright y la correa que busca atar, media un solo interés, crear silencio…¿Será que este silencio de opinión y pensamiento es imprescindible para la meditación profunda de la Secretaría del Buen Vivir sobre su nueva tarea: ocuparse de la capacidad de amar de los ecuatorianos en tiempos de bilis…?