soy un pezcuezo

¡Que viva el zafarrancho visual!


Hace un par de semanas Juan Lorenzo Barragán (diseñador gráfico ecuatoriano) publicó este artículo:

¿Arte callejero o zafarrancho visual? 

Juan Lorenzo Barragán
MIRA NO MÁS |  DOMINGO 10/04/2011
Postgrafiti, stencil, autoadhesivos, wheatposting son algunos de los nombres que los críticos han acuñado para tratar de diferenciar al grafiti común de lo que hoy los artistas de este género pretenden que apreciemos en las paredes del mundo y el Ecuador.Desde la perspectiva del arte contemporáneo, se intenta explicar/justificar un género que en su mayoría no aspira más que al enaltecimiento ególatra de su autor, a expensas del dueño de una pared o de los propietarios del espacio público que somos todos. No olvidemos que a una galería de arte podemos optar por no ir, un ‘videoarte’ en Youtube podemos no verlo; pero lo que está en la pared de la av. De La Prensa nos toca ver porque sí. La justificación de “diálogo con el público” por donde se mire se convierte en una “agresión al público”.Confieso que podría volverme un apologista del ‘streetart’ cuando admiro un emocionante mensaje anti establishment de Bansky –de los que lo han llevado a ser una celebridad, y de paso a los museos– sobre una valla publicitaria sexista o sobre la pared que separa a los palestinos de Israel. Y cuando encuentro la derruida pared de una casa abandonada contra el cielo de mi barrio en Guápulo con una propuesta novedosa’ aunque segundos más tarde y con pena veo que el mismo ‘artista’, en un acto vandálico ha arruinado con su firma/logo un hermoso buzón de cartas, que ya de por sí es una expresión estética del dueño de casa; o más allá, otro street ‘artist’ que ha arruinado para siempre unas hermosas piedras con su pátina de siglos en una de las casas más antiguas.A fin de cuentas, esta manifestación no se diferencia mucho de la publicidad en sitios públicos. La calle no es de las empresas para que la utilicen a su antojo como medio para conseguir su fin. Tampoco de unos pocos jóvenes que usando un lenguaje, no muy original, abusan de espacios de respiro visual para su regocijo personal. Una administración pública debe normar con rigurosidad la utilización visual de estos.

Como respuesta Ana Fernandez saco esta nota:

Sobre la Nota Arte Callejero o Zafarrancho visual

Ana Fernández

“El espacio público ha perdido su naturaleza “Pública”. Las compañías privadas son dueñas de las ventanas, las paredes, las paradas de buses, las cabinas telefónicas. Las comunidades son bombardeadas con mensajes publicitarios todos los días. Se necesita un balance. Hay que tomar algo de este espacio para la belleza, el arte, el humor, la reflexión, el cuestionamiento, el color, la textura, la interacción y la diversión.”

MENSAJE PARTE DE LA CAMPAÑA MADRID STREET ART TAKEOVER PROJECT,  en donde los ciudadanos mandaron mensajes de qué es lo que les gustaría que se haga con el espacio público y estos mensajes reemplazaron las publicidades en las calles.

El street art como cualquier manifestación en el espacio público es un punto de encuentro del ciudadano joven, del habitante de la urbe. El espacio público a diferencia del  personal (ojo, no digo del privado) es un espacio en donde convergen todo tipo de prácticas urbanas, unas más accesibles que otras. Tanto el espacio público como el privado son bienes importantes para la sociedad en su conjunto.

El Street art se ha tomado  en Quito, como en tantas otras urbes alrededor del mundo,  los espacios públicos con la libertad y con el derecho que tiene todo ciudadano de manifestarse dentro de éstos.

Que el street art y sus diversas manifestaciones , sea “estético” o no, según los gustos de una u otra clase social, es algo bastante banal.

Lo que no es banal, es afirmar, o proponer, que esos espacios deban ser normados, por instituciones u órganos  municipales o gubernamentales. Eso, no es banal, porque implica por una parte un afán de penalización del arte callejero, y por otra la noción de designar con el espaldarazo institucional (y a dedo) qué artistas  pintan en qué partes de la ciudad y obviamente, aquello que pintan.

El street art es una propuesta que ha politizado la estética, pues presupone un acto de toma de libertad, un agenciamiento conciente en la esfera pública, y la creación de públicos  (y contra públicos), que no  van a galerías, museos o  talvez ni siquiera tienen acceso al youtube

Existe Street art y existe vandalismo. Existen prácticas institucionalizadas y normadas, las vallas “artísticas” en la autopista, y otras que se hacen en pleno uso del derecho que tienen los grupos de ciudadanos jóvenes de expresarse y manifestarse. Estas no son prácticas personales y no obedecen sólo al “gusto” de  un “autor”, poco tienen de autorales, poco de estetización y mucho de comunitario y colaborativo.  Que viva el Street art.

Y, el Pezcuezo te ayuda a dijerir este zafarrancho con unas cuantas imágenes del Colectivo Fenómenos, unos cuantos bastardos que andan por la ciudad…

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